Candido López y los Campos de Batalla, de José Luis García (2006), es una película que se interroga por la vida y obra del pintor porteño Cándido
López (1840-1902), que participó como teniente segundo de la llamada
Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) y la dejó documentada en una
magnífica serie de óleos que en su momento sólo fueron reconocidos por
su valor testimonial y hoy se consideran entre los puntos más altos de
la pintura argentina del siglo XIX.
El realizador, convertido también en narrador del film, da cuenta de su
azaroso encuentro con un nieto del pintor, profundo conocedor de su
obra, con quien se propone iniciar un viaje de relevamiento por la
Mesopotamia, con la intención de reconocer los paisajes que en su
momento fueron los campos de batalla pintados por López.“Al principio del viaje no me importaban mucho las razones de la guerra ni sus consecuencias”, admite García en el film, mientras –trepado a una escalera– se dedica a tratar de reproducir con su cámara el famoso “punto de vista de altura” con que Cándido López, con una técnica muy cinematográfica, recreó las escenas de batallas como si se tratara de un gran plano general, pleno de acciones simultáneas. Pero a medida que José Luis García se va familiarizando con el terreno no sólo empieza a encontrar restos oxidados de metralla que aún se encuentran a orillas del río Paraná, sino también a desenterrar las historias personales y las razones de Estado que oculta esa guerra de exterminio que la alianza entre Argentina, Brasil y Uruguay libró contra el Paraguay.
Advertencia: la película contiene escenas de maltrato animal.
Sobre la obra de Cándido López, parece haber sido su principal intención documentar escenas de la guerra, no todas, sino determinados momentos "épicos", aunque sin ninguna grandilocuencia y ningún patrioterismo. Trató de ser "neutral" desde la perspectiva de los "aliados", y parece haberlo intentado sinceramente. El pintor realizó su trabajo artístico 15 años después de finalizada la guerra. Para ello se basó en los apuntes que había tomado en su libreta durante la contienda.
Sus cuadros bélicos curiosamente no transmiten una emotividad bélica, ni mucho menos sufrimiento; más parecen ser una serie de valiosas "postales". Cándido López parecía intentar evadir el sufrimiento pintando curiosas escenas en las que a veces su mirada buscaba reposar en el paisaje natural, impasible y neutro donde la tragedia ocurre.
Del mismo modo, los combatientes de uno y otro bando figuran más que nada como diminutas sombras en las que se mueven los colores de abigarrados y solemnes uniformes. La pintura de esa guerra es dantesca, al retratar movimientos de masas abigarradas bajo paisajes serenos y en ciertos casos de ensueño.
Sin embargo, la ingenuidad no le ha impedido expresar patéticos símbolos: los uniformes aparecen con sus detalles, con cada uno de los botones pero los rostros de los soldados vivos carecen de ojos y bocas... sólo los muertos tienen boca y ojos, como si la muerte fuera la que diera el irrecusable testimonio del mal.
Algunas de sus obras pueden contemplarse en el Museo Nacional de Bellas Artes
Fuentes: pagina12.com.ar, wikipedia
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